el encanto de lo efímero
comienza con el lugar del habla, ubicado siempre arriba, de uno claro.
llama con estudio, sonríe. Con los ojos abiertos lo hace.
sus finos dedos de papelillos enrolan nuestra piel y crispan,
con histérica precisión, enaltecen la debilidad.
enaltecen la debilidad con histérica precisión
y con el muchacho golpeado y dominado por el miedo,
se colocan para durar lo que quieramos.