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martes, 12 de agosto de 2014

Petirrojo




No sabía qué era el mercado cuando miraba sus películas que no eran suyas. Ni pensaba en productores, guiones, personajes maniqueístas y la disfunción de ellos. No pensaba en el cine en la crítica, no sabía bien qué era. Era todavía mágico. El televisor viejo era una ventana.

Un día lo olvidé y lo encajoné. Lo dejé de mirar y nunca más pensé en sus películas que no eran suyas. Ni siquiera lo olvide, no era necesario. Ayer su cara estaba en todas las remeras y por respeto generacional no estaba el morbo. La noticia me pasó por al lado, como pasan muchas de las luces que tira la portátil. Hoy cuando volví a la rutina de la gilada su cara estaba ahí de nuevo, esos ojos celestes y pera de buen tipo y sus películas que no son suyas. Tengo sentimientos, y cada vez que leo que alguien recuerda y escribe y me llega el famoso…. “oh captain, my captain” me acuerdo cuando la ví, su película que no era suya, me dan ganas de pararme arriba del escritorio en la isla donde edito para que no me paguen y decir… “Oh captain, my captain” y llorar un poco.