Translate

lunes, 16 de diciembre de 2013

Casos II



Casos II

Contextos

Martes 3 de diciembre del año 2013

Un grupo de policías de Córdoba decide acuartelarse en reclamo de mejoras salariales. El acuartelamiento deriva en saqueos a pequeños negocios y en otros acuartelamientos en el resto de las provincias. Ningún medio puede decir exactamente cuántos saqueos o intentos de saqueos hubieron, ya sea porque la población misma sumergida en pánico fue elevando el número exponencialmente, o porque la prensa con ánimos amarillos y negros hizo lo mismo.

Los titulares rezan la cantidad de muertos como si se tratara de un contador, y ansiosos de sangre contabilizan casos como el siguiente: “…un muchacho de 20, murió tras chocar su moto contra otra, presuntamente cuando huía luego de participar en un saqueo…”. La misma nota empieza con el siguiente encabezado: Más saqueos, más violencia, más muertos. Más comerciantes que perdieron todo, más gente que se quedó encerrada en su casa por miedo…”.

Otro diario local confunde manifestantes de un supermercado con saqueadores y tiene la primicia de los primeros saqueos en Mendoza.

Los comentarios a raíz del hecho son de una violencia y un racismo irreproducible. La propiedad privada aliena al hombre diría Rousseau.

Un caso muy reproducible  aquí, fue el de una conocida, que publico en su cuenta de Facebook, que no era cuestión de prensa los saqueos, sino que muy por el contrario la gente de su barrio le había dicho que otras personas (se presumen hordas de bolivianos marxistas) habrían intentado saquear “un átomo a dos cuadras de su casa”(textual). Conozco a esta persona lo suficiente para saber que vive en un barrio donde el átomo más cercano se encuentra a no menos de 3 kilómetros.

Más contextos

Puedo decir que no fui una de las gentes que se quedó encerrada en su casa por el miedo, sino que salí a realizar todas las tareas del día como cualquier otro y solo noté un poco menos de gente en el centro.
La tarea final del día lunes es jugar al fútbol con amigos lo cual hice felizmente. Luego de esto “pintó” comer una pizza con mi papá, mi hermano y un amigo en la calle Aristides Villanueva. El clima era normal, y la gente de alrededor parecía tener un muy buen humor.
Llevábamos una hora de comida cuando se acercó una niña a la mesa a ofrecer unas estampitas con mensajes de amor. La idea de la niña era venderla, la cara era la misma que había visto el miércoles anterior, el sábado anterior, el viernes anterior siempre de noche; la mirada era la de un nadie. La piel porosa, las manos secas.


Caso estudiante del colegio Virgen del Valle

El martes 11 de junio de 2013 fue encontrado el cuerpo sin vida de una chica del barrio porteño de Colegiales. Con 16 años, y con promedio 9, era la mejor alumna del colegio. Los detalles son brutales y la prensa estalla. En un par de horas todo el mundo sabe los pormenores, las pistas, las acusaciones, los sospechosos. Algunas radios matutinas  porteñas, se abren para que la gente de su teoría de cómo, por quién, dónde y cómo se produjeron los hechos. En el encabezado de una de las páginas web de noticias donde se sigue la crónica hay una f azul seguida de “A 5489 personas les gusta esto. Sé el primero de tus amigos.

Cómo sucedió con los saqueos, la crónica se fue apagando, dando lugar a algo más novedoso y aún sin coagular.


La niña del bar de pizzas sigue repartiendo estampitas, desaparecida de las crónicas. Claro que aquello no me lo están contando, aquello no queda a dos cuadras de un kilometro y medio cada una de mi casa ni de nadie que estuviera en el bar. Estaba no solo ahí sino también en los planes. Que esa nena no llegue a su casa, a alguna casa, está en los planes. De hecho ya mismo no llegó a su casa, pero cometió un crimen por el cual fue condenada al olvido, a lo normal: el de no ser mercancía.
Hoy lloro la miseria.