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lunes, 16 de diciembre de 2013

Casos II



Casos II

Contextos

Martes 3 de diciembre del año 2013

Un grupo de policías de Córdoba decide acuartelarse en reclamo de mejoras salariales. El acuartelamiento deriva en saqueos a pequeños negocios y en otros acuartelamientos en el resto de las provincias. Ningún medio puede decir exactamente cuántos saqueos o intentos de saqueos hubieron, ya sea porque la población misma sumergida en pánico fue elevando el número exponencialmente, o porque la prensa con ánimos amarillos y negros hizo lo mismo.

Los titulares rezan la cantidad de muertos como si se tratara de un contador, y ansiosos de sangre contabilizan casos como el siguiente: “…un muchacho de 20, murió tras chocar su moto contra otra, presuntamente cuando huía luego de participar en un saqueo…”. La misma nota empieza con el siguiente encabezado: Más saqueos, más violencia, más muertos. Más comerciantes que perdieron todo, más gente que se quedó encerrada en su casa por miedo…”.

Otro diario local confunde manifestantes de un supermercado con saqueadores y tiene la primicia de los primeros saqueos en Mendoza.

Los comentarios a raíz del hecho son de una violencia y un racismo irreproducible. La propiedad privada aliena al hombre diría Rousseau.

Un caso muy reproducible  aquí, fue el de una conocida, que publico en su cuenta de Facebook, que no era cuestión de prensa los saqueos, sino que muy por el contrario la gente de su barrio le había dicho que otras personas (se presumen hordas de bolivianos marxistas) habrían intentado saquear “un átomo a dos cuadras de su casa”(textual). Conozco a esta persona lo suficiente para saber que vive en un barrio donde el átomo más cercano se encuentra a no menos de 3 kilómetros.

Más contextos

Puedo decir que no fui una de las gentes que se quedó encerrada en su casa por el miedo, sino que salí a realizar todas las tareas del día como cualquier otro y solo noté un poco menos de gente en el centro.
La tarea final del día lunes es jugar al fútbol con amigos lo cual hice felizmente. Luego de esto “pintó” comer una pizza con mi papá, mi hermano y un amigo en la calle Aristides Villanueva. El clima era normal, y la gente de alrededor parecía tener un muy buen humor.
Llevábamos una hora de comida cuando se acercó una niña a la mesa a ofrecer unas estampitas con mensajes de amor. La idea de la niña era venderla, la cara era la misma que había visto el miércoles anterior, el sábado anterior, el viernes anterior siempre de noche; la mirada era la de un nadie. La piel porosa, las manos secas.


Caso estudiante del colegio Virgen del Valle

El martes 11 de junio de 2013 fue encontrado el cuerpo sin vida de una chica del barrio porteño de Colegiales. Con 16 años, y con promedio 9, era la mejor alumna del colegio. Los detalles son brutales y la prensa estalla. En un par de horas todo el mundo sabe los pormenores, las pistas, las acusaciones, los sospechosos. Algunas radios matutinas  porteñas, se abren para que la gente de su teoría de cómo, por quién, dónde y cómo se produjeron los hechos. En el encabezado de una de las páginas web de noticias donde se sigue la crónica hay una f azul seguida de “A 5489 personas les gusta esto. Sé el primero de tus amigos.

Cómo sucedió con los saqueos, la crónica se fue apagando, dando lugar a algo más novedoso y aún sin coagular.


La niña del bar de pizzas sigue repartiendo estampitas, desaparecida de las crónicas. Claro que aquello no me lo están contando, aquello no queda a dos cuadras de un kilometro y medio cada una de mi casa ni de nadie que estuviera en el bar. Estaba no solo ahí sino también en los planes. Que esa nena no llegue a su casa, a alguna casa, está en los planes. De hecho ya mismo no llegó a su casa, pero cometió un crimen por el cual fue condenada al olvido, a lo normal: el de no ser mercancía.
Hoy lloro la miseria.







jueves, 7 de noviembre de 2013

Casos



Caso Götze

El dinero como motor alemán.

Mario Götze es un pequeño rubión procedente de un pueblo a mitad de camino entre dos pueblos más grandes de Alemania. Luego de tener una temporada fantástica con la primera del club en el que se formó toda su corta vida de 20 años alemanes, Borussia Dortmund, se le fue dada la posibilidad de abandonar su club y emigrar a uno más grande y malo : el Bayern Munich. Nadie sabe si la decisión fue muy premeditada o decidida en un simple corte de showmatch, pero lo cierto es que luego de que acordara su contrato, el club del mono Kahn desembolsó nada más ni nada menos que 37 millones de euros para recindir el contrato que mantenía al pequeño ario con el borussia dortmund, dicho de otro modo, aunque el borussia dortmund tuviera intenciones de mantener a Götze en sus filas, acaso para comer banca el resto de su vida por traidor, no podría, ya que el dinero está por encima de la ley y la traición.



Caso Costa
Que Trezeguet me explique qué siente jugar en otra selección.
He jugado algunas veces al futbol, he jugado en clubes sin nombre y en canchas sin pasto. Miro los partidos por la tele y mientras los jugadores no hablen, siento ganas de ser uno de ellos, amo el fútbol pero todo tiene un límite. El día que por jugarlo o disfrutarlo me tenga que poner una camiseta blanca con una cruz roja, sé que algo no va a ir bien.
13 de julio de 2014, Brasil, Río de Janeiro, Estadio Maracaná
Brasil ha llegado a la final casi sin despeinarse y al ritmo de la Samba se hizo paso ridiculizando cuanto equipo se paró en frente. Del otro lado está una sacrificada España, que a lo largo del Mundial ha sido diezmada de lesiones. Llego tras dos definiciones por penales y ahora se encuentra cara a cara con 80 mil brasileros hambrientos de Copa do Mundo. Extrañamente el partido se desarrolla parejo.
Van 92 minutos de la final del Mundo y los ineludibles penales vaticinan bobazos para todos. De repente Andrés Iniesta con un temple de oficinista, sale de entre tres brasileros y casi sin pensar tira un centro que luego de rebotar en la cabeza de un compañero, se introduce en la red, cambiando así la historia de las empresas patrocinadoras para siempre.
Diego Costa es un jugador nacido en Brasil en el año 1988. Vistió por primera vez la camiseta verde-amarela el 5 de marzo de 2013 cuando saltó al campo en el minuto 69 sustituyendo a Fred. El jugador convenció al técnico de Brasil, Luis Felipe Scolari quien planea llamarlo para el mundial, refiriendose a él como el primero de la lista. Diego tenía otros planes.


España gana el partido. 80.000 brasileros lloran, sufriendo un nuevo maracanazo, sólo que esta vez la cachetada la pegó Europa y su dinero. Los españoles festejan sin poder creerlo. Sin embargo a un costado del campo de juego, lejos del resto de los equipos, un muchacho de camiseta roja y pantalón azul “chora como menino”(llora como niño). Es el goleador del encuentro, su nombre es Diego Costa y es el único brasilero del estadio, uniformado como español.


miércoles, 16 de octubre de 2013





     el encanto de lo efímero

    comienza con el lugar del habla, ubicado siempre arriba, de uno claro.
    llama con estudio, sonríe. Con los ojos abiertos lo hace.
    sus finos dedos de papelillos enrolan nuestra piel y crispan,
    con histérica precisión, enaltecen la debilidad.
    enaltecen la debilidad con histérica precisión
 

    y con el muchacho golpeado y dominado por el miedo,
    se colocan para durar lo que quieramos.

jueves, 5 de septiembre de 2013


CARTA DE UN FANÁTICO

Cuando uno es niño, recibe marcas que llevará durante toda la vida y sin que uno lo quiero o siquiera se de cuenta, quedarán para siempre en un rincón del alma. A veces son duras, difíciles de cargar, dan vergüenza, dan miedo, te revuelven las tripas de solo saber que están ahí… Otras veces son dulces, hermosas, te apartan de la realidad que te toca vivir y te remontan como un volantín hacia un pasado donde esperan los momentos mas puros de tu vida, aquellos que tienen que ver con la mirada inocente de un pibe de barrio.
Cada vez que paso por la cancha del Lobo, cada vez que veo la pintada “33”, cada vez que abro un placard en mi casa y veo la camiseta de Gimnasia, en fin, cada vez que algo o alguien abre la puerta donde tengo la marca mas linda de la infancia; y sobre todo, cada vez que miro a mi Viejo Vicente. Es justo ahí cuando necesito que me agarre de la mano y me lleve como antes, como al principio, con la bolsita de mandarinas, llegando a la cancha casi de “madrugada”, subiendo los tablones que a mí me parecian fantásticos, porque aunque no quisieras te hacían saltar como si fueran trampolines gigantes. Venía el partido de reserva con los pibes que prometían, llegaban las banderas, los hinchas mas quilomberos, no existían los barrabravas, veías y escuchabas los Borges del insulto, tipos con una creatividad envidiable puesta al servicio del la puteada, tan graciosa como inofensiva. Los papelitos, el partido de primera, la euforia y la tristeza, el gozo o la bronca. La vuelta a casa afónico y feliz a comer las ensaimadas de mi Vieja Lucía. No me soltés la mano papá, volvamos a acompañar a Gimnasia a todas las canchas: La lepra, Godoy Cruz, Huracán, Argentinos, Maipú, Gutierrez, Boca de Bermejo, Guaymallén, Palmira, San Martín, Luján, Andes Talleres, todas. A todas por favor. Los campeonatos, la caravana por la calle San Martín, la repetición de los goles relatados por Jorge Germán Ruiz, los torneos nacionales, la goleada a San Lorenzo en el Gasómetro, a Boca en la Bombonera, el victor, el “toque lobo toque”, Viejo donde estas? Me soltaste la mano y de pronto estoy acá, con las lágrimas atragantadas y tarareando: “Si si señores, yo soy del Lobo, yo soy del Lobo de corazón, porque este año de Juan B Justo, de Juan B Justo, salió el nuevo campeón”…








Pablo Navas

viernes, 2 de agosto de 2013

mandril y poxirran




Sacada la careta el mono no es. Da lugar y aparece otro mandril un poco menos amistoso y con más rasgos arratonados, atorranteados, atiborrados, robados. Rasca el mandril el frasco de poxirran, lo odio rascándolo, esa es la verdad. Lo rasca con su intención de mejor mono, de mono amaestrado. En el fondo sigue rascando y lo rasca bien. Sus manos son más como garritas de ratitas, cuestión que facilita enormemente su labor, alcanzando recónditos espacios en el frasco, espacios que uno ni siquiera sueña que existan y mucho menos que contengan algo de ese poxirran tan enmohecido y rancio. Es este el poxirran que más ama el monito, el feo, al que nadie se le anima, el poxirran que no pega, el que se guarda en el corazón del raneado.
En este poético acto de rascar, la careta veneciana cae resonando. Porque es pesada.
Un día el mandril asiste a una fiesta en durazno y convención de mandriles.

Y entre colegas monos y profesores mandriles, nada mejor que una fiesta blanca donde los brindis en lugar de copas se hacen con la chapa de la máscara. Los odio porque tienen la coherencia que me falta.





viernes, 26 de julio de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

duro de matar


                                                        esto entendio este ruso de la peli. un capo

domingo, 7 de julio de 2013

sueño 0054



Volabamos en una alfombra primero con mi hermano,
la alfombra respondia a nuestras ganas (hay una analogia no se bien con que, puede que con robotech pero es algo mas directo)
una pelicula
Estabamos con un grupo, eran caretas me parece, estaba el juli, y se mandaba cualquiera
tiro una go pro en un camino al hotel, y se perdió
En el hotel teniamos alta habitación y en un momento pinto ponerse a bailar entre todos en la habitacion
Eramos hombre y mujeres. Habia un personaje femenino como suerte de hermione, dani de la fad o algo asi que
era la dueña de la alfombra que volaba y la controlaba mejor que nadie.
El viaje me hacia acordar al viaje de perú.



sábado, 22 de junio de 2013

del enojo y la vida



El enojo me alimenta

A su lado

El mundo es posible

La ira me droga

Me droga sin culpa

Me droga con un abrazo

A veces los desprecio, cuando me harto

Cuando me enojo con la ira



La vida nace de la falta, es el precio que pagamos por vivir, tal vez, el fin, el fin tal vez, sea dejarnos ir. Como algunos pueblos maduros como limones.
Dejarnos ir dejar de traer vida, desaparecer la falta.

Somos la conciencia del universo sobre sí. Con nosotros muere la conciencia de vida y de falta.






jueves, 23 de mayo de 2013




El río está seco. Como estampida.
Arriba, las nubes y el sol. Al mismo tiempo.
Entonces me pregunto.
Abajo eligiendo, como un ciego, como un rengo. 








lunes, 6 de mayo de 2013



Somos algo en relación con el otro. El nacimiento de la ley, en oposición o adherencia somos algo en relación, con referencia.
Sucede que la tesis es ya sabida, olvidada, recordada, negada. Difícil.
Lo que hacen estos amigos con Blancanieves es una reducción precisa y preciosa. Extracto de perversión, arrastre de la inocencia a la verdad. Como jugando.
No se puede buscar objetividad en estas lineas por dos motivos elementales.
El primero: me gustan los trabajos que nos involucran, que exponen, que nacen de un lugar tanto mas lejano que la cabeza primate. Que a su paso transforman realmente, al mejor estilo transferencial, pero alquímico.
El segundo: No existe tal cosa, o sí pero en el fondo de la subjetividad, somos lo que somos y eso es objeto.

No voy a comentar detalles técnicos, no tiene sentido, si voy a detenerme en el guiño especular. Blancanieves siempre estuvo ahí, en mi infancia formándose conmigo como un bello arquetipo, me acompaño y fue conectada casi siempre con el significante inocencia, me guarde los peores adjetivos para otras cosas. Y el sábado pasado a las 21:30 me encontró algo hermoso. Un viejo ruido diría inconsciente aflora en este cuento que brota de personajes que funcionan desde otro lugar, que cumplen su verdadero papel: espejo.
Soy reiterativo, no es la intención. Somos en relación al otro, el afuera nos dice donde estamos, quienes somos y eso cala en las vísceras,  nadie escapa nadie sabe donde se relaja su hermosa base neurótica, en que vieja y oxidad tabla de poca fe  reside toda nuestra existencia. Y menos aún, amigo, que pasa cuando esta desaparece. Santiago nos da una idea de todo esto, (quizá todo nuestro gran miedo humano) en un galpón con un par de linternas.

Perdón, el tercero: me contradije en 4 renglones jaja.

no la pierdan, o si, si no pueden con el temor insano.


viernes, 3 de mayo de 2013


Hoy.
El nivel de manivela es elevado al menos, es suficiente o casi. Digo no es reciente la pregunta, ni en mí ni en otra gente, no lo es. No es para mí la respuesta tampoco, ya que en mi cabeza baila y entre vapor de kerosene la veo (al menos) . Pero está bien, ya empecé.
Entre plumas, ¿Qué es la locura?
El enunciado diría así según la real academia (esto parece importante), algo malo. Bien, coincidamos.
Algo malo. Algo que produce dolor?, no lo sabemos (olor?). Algo perverso, alienado, aislado, ilusorio. No lo sé, pero no descarto. Empieza la verborragia:
Quizá sea mejor aunarlo con alguien. Persona loca: atributo, sujeto 1. Muchas veces he sido llamado loco, imagino que muchas veces menos que otras personas también, no me molesta, no me importa, pero invito (y en realidad me hago cargo de la cuenta) algunas preguntas, no sin un trago. Sigo mis pasiones mis molestias, básicamente mis necesidades. Las mías, porque las más profundas no molestan, no atañen otras vidas (por más susceptibles que sean de ello), por más que otras vidas necesiten que sea yo distinto, no las incluye. Entonces me hago cargo de quien soy, intento (siempre que pueda) serme fiel, ¿a quién molesta mi fidelidad conmigo mismo? A los cuerdos, clamando desinterés por ellos. Triste punto para los rojos.
A menudo soy llamado loco por situaciones fuera de contexto. Si un hombre (por qué no Juan) camina por la calle y repentinamente, siente la necesidad de abrazar digamos un ser vivo (árbol Roberto) los cuerdos ( de ahora en más serán llamados lúcidos de la razón) miraran extrañados, no dudaran un segundo en comentar la locura del acto con otros lúcidos de la razón, quizá hasta les produzca risa (porque no aclaré, ellos entienden la desgracia como ejemplo cómico)
Juan no está, su amor a los árboles se transformó en un odio acérrimo, un odio de huesos. Odia todo ser vivo que no sea un lúcido de la razón (y con determinadas características) se cuida de respetar la ley impuesta por ellos, pero odia casi toda forma de ser vivo. Bueno pues toma sus gafas para proteger los ojos, un chaleco naranja, que lo distinga como persona capacitada para odiar, y una gran motosierra de 103 Db para hacer lo que debe. Se dirige a Roberto, que lógicamente pasó a ser su enemigo y en medio de todos los lucidos de la razón, divide a Roberto en 2, quitándole la vida. Los lúcidos pasan sin reacción. Alguno se afecta por el ruido. Juan es un trabajador, una persona digna, incluso si eso se llevase a cabo un domingo por ejemplo. Juan sería aún más digno, hombre trabajador si los hay. BIEN POR JUAN!, le ha hecho un bien a la comunidad mutilando a Roberto que cometía el pecado de existir en una ciudad donde los lúcidos necesitan menos ramas.
Aprovechando esta línea de amor/odio de Juan y Roberto (debo confesar que los estoy empezando a querer y odiar) hago acuse de otros atributos propios de los sentimientos. Juan es un hombre adinerado, Juan es un lúcido de la razón, el entiende lo que es realmente bueno en esta vida, hace todo tipo de cálculos y sabe que a la larga le conviene tener sus papeles de prócer. Quizá no sepa bien porque (o para quién? Ji) pero los recolecta. Alguien lo mira recolectarlos  (algún amigo diría una A mayúscula) lógicamente llama loco a Roberto al que no le interesan y con ese tiempo prefiere generar otro tipo de vínculos, quizá un poco más animados. 
Ahora sí no hay escape, guiñé a la perversión y los ejemplos pueden ser muchos, pero con la identificación con objetos inanimados, la necesidad de rodearse de ellos, de establecer vínculos con ellos, de la imposibilidad de vivir sin ellos, ¿que diría un psicótico de ello?, quizá lo llame hermano.
Los lúcidos de la razón necesitan leyes, pero para ellos, exigen el cumplimiento porque son los castrados que no las quieren cumplir, no saben dónde se sitúan (¿en qué parte de su cuerpo?) incluso en materia espiritual (Dios que contradictoria construcción sustantiva), le rezan al Dios del intercambio, al negociante. Su espíritu es un pequeño cabello, Dios es un gran castrador, que los limita y al que le han atribuido sus propias leyes.

Lógica Lúcida

Soy Juan, un hombre bueno. No hago nada que las tablas no me permitan, vivo en armonía con Dios. Ardo en deseos de realizar todo tipo de acto dañino conmigo y las demás personas. Internamente pienso que habría que matar a varios, si puede realizarlo otro mejor, pero lo llevaría al acto con mucho amor y felicidad. 

He muerto.

 Mis ideas murieron conmigo. Nunca vi realizadas mis verdaderas pasiones  de odio. Dios me recibe en sus brazos como un hijo. Respeté las leyes. A cambio de nunca rebelarme a cambio de mi inmovilidad pasional, he recibido esto. El edén. Eemm, ¿donde están las chicas?
Fin por hoy.





jueves, 18 de abril de 2013

Va a haber hedor esta noche, cerra las cortinas, acostate temprano,
come temprano, hace todo temprano.
Es mejor que el hedor de odio te agarre dormido.

Todos necesitamos un buen amigo, jimmy, un buen amigo al que querer cuando somos buenos, cuando somos lindos, y al que odiar, jimmy, al que odiar cuando nos desenamoramos y tenemos nuestra pequeña odisea griega venida a menos.

Buen ruido para todos!!



miércoles, 10 de abril de 2013

La camisa de salir


   La camisa de salir de algún finoli, la lleva hoy después de muchos años un pendejo. Recuerdos de colores,              otras ropas y otros juguetes. Se acuerda de la posesión de los objetos,
   mucho más primitivo lo llenaban.
   Hoy la lleva un pendejo pobre.
   El viejo olor ya ahogado, fuera de moda y de tiempo. El pibe desentona viendo exaltadas sus carencias, a     él lo completaba.













martes, 9 de abril de 2013

Lucha Mandinga



El corazón bombea como subwoofer, sino escribo algunas podridas palabras me consumo en 120 beats por segundo.
Te siento adentro, pero negra como petróleo. Y estoy hablando de vos, inmundo petróleo.
Maldita mandinga, enroladora deseosa de deseo. La piel como una película de plasticola hedionda verdosa con hongos sintéticos, producto del asqueroso postmodernismo de la década del 2000.
Todo es mentira! Todo es mentira he dicho y me las llevo, lo firmo, en sangre si quieren, todo es mentira, sobre todo vos.
Y la sangre coagula, se cuaja, se endurece, mañana negra rasposa, arenosa, como azúcar (dulce?). Mañana tal vez me levante me olvide de vos, de lo que hiciste con tu regalo vital, de lo que hiciste para ser juzgada. Las uñas se mueven perseguidas y me cuentan un secreto, nunca nos importó. 
Ahora respiro aire marciano, en 20 años sabremos si es letal para unos pulmones como los míos. Pero se terminó el traqueteo cardiaco.


- El asma desaparece, la respiracion se aclara y el acne... el acne no, pero el asma desaparece

domingo, 24 de marzo de 2013

La Canchita


                                                                La Canchita


Se ubicaba justo al costado de la parroquia del barrio,  es más, era parte de los terrenos pertenecientes a aquella y abarcaba una superficie que no podría precisar en alguna unidad de medida pertinente, pero sí puedo decir con toda seguridad que tenía las medidas exactas de aquella época para albergar a 5 jugadores y el arquero por cada bando.
Nadie sabía o nadie se preocupó por averiguar, si en el lugar hubo algún tipo de construcción antes de convertirse en nuestro campo de juego habitual.  Lo que sí puedo asegurar es que en ese terreno jamás logró desarrollarse ninguna especie perteneciente al reino vegetal, tal la presencia abrumadora de piedras, escombros y otros cuerpos inertes imposibles de clasificar, en el mal llamado campo de juego.  Este panorama claramente desalentador para la práctica no solo del futbol, sino de cualquier actividad a llevarse a cabo al aire libre, sin embargo no lo era para mi y para mi grupo de amigos, quienes crecimos jugando a la pelota en aquel yermo territorio.
Es de imaginar cual era el resultado de cualquier contacto con el suelo en esas condiciones, ya sea por caídas accidentales al trabar un balón, como las ocasionadas deliberadamente por algún vehemente defensor del cuadro contrario o cuando uno mismo iba al piso emulando los grandes jugadores de la época, quienes “barrían” deslizándose elegantemente claro, en verdes céspedes y no en los cuasi restos de un bombardeo yanqui a cualquier ciudad del mundo, tal cual lucía nuestra canchita.  Como digo, las consecuencias eran llamativamente cruentas:  extremidades magulladas y sangrantes, con raspones interminables; y en la convalescencia costras gigantescas; todo esperando un peor resultado el sábado siguiente cuando aún no habían cicatrizado las heridas del pasado inmediato.
¿Qué otro componente en la estructura edilicia de la canchita podía resultar equiparable a aquel penoso estado del campo, que operaba como un rallador de queso humano?
Si, lo había.  Todo el perímetro, donde habitualmente transcurre la línea blanca que amablemente indica el límite permitido, estaba recorrido por una pared de ladrillos, tan sólida como las intenciones de quién la construyó, vaya a saber uno para proteger o resguardar qué cosa, puesto que donde debía ir un portón de acceso o algo por el estilo, siempre hubo nada.
Si puedo decir en favor del sórdido muro, que no solo servía para provocar en muchos de los participantes del juego, chichones y golpes de todo tipo (Recuerdo al flaco Perez, que fue trabado violentamente cuando intentaba una sutíl gambeta y fue a dar como un misil contra aquella pared, generando un ruido espeluznante, y al cual fuimos a auxiliar sospechando una muerte segura. No fue así) sino que pasaba a ser parte de las habilidades técnicas utilizarlo para dejar desairado al jugador contrario. 
La otra cualidad de aquella construcción inerte, era provocar que el partido solo se detuviera cuando el balón ingresaba al arco o viajaba por encima de los dos metros de altura al asfalto de la calle adyacente, esto generaba un desgaste físico en aquellos pequeños cuerpos infantiles solo equiparable a correr 10 kilómetros sin parar, o algo parecido.
Esta nostálgica descripción, no estaría completa sin decir que uno de los límites laterales, no tenía que ver con el muro antes citado sino que estaba constituído por otra pared que era parte fundamental del templo de la parroquia.  Si el relato concluyera aquí, este otro muro, no causaría en el lector, ningún sentimiento diferente de aquel, ya a esta altura,  entrañable paredón de dos metros de alto, si no fuera por un pequeño detalle:  El complemento ideal a las caídas, los raspones, las lastimaduras, los cabezazos a las paredes y todo lo antes dicho, tenía que ver con el cura corriéndonos a varillazos porque los pelotazos en la pared no lo dejaban dar su misa en paz.
Volver de jugar un partido en la canchita, era realmente una aventura.



                                                  

lunes, 18 de marzo de 2013







    Recuerdos de una vida más al este
    Niños largos, lentos que se matan en silencio
    Tal vez sombras
    Un viejo me charla un tema desconocido ,
    Un matrimonio real, brillando en amarillo.  

    nn

viernes, 8 de marzo de 2013

perder el tiempo



Salir de mi casa tiene algunas dificultades. Uno primero debe cruzar la puerta e inmediatamente un portón que da a un callejón, y al final de este, otro portón el cual conduce a una calle de tierra. Si uno anda lo suficiente por esta calle, llega a una asfaltada y ahí todo se torna un poco más urbano. Hoy mientras conducíamos (mi hno y yo) por la calle asfaltada, notamos que nos seguía el perro.



Salir de mi casa para el perro y seguirnos luego, tiene decididamente mayores dificultades. Primero debe cruzar la tela, justo al lado del portón que cuenta con una media sombra que impide ver y asir el tejido de alambres. Pasado este obstáculo debe correr lo más rápido que pueda para llegar al portón del final del callejón antes de que este se cierre, y una vez realizado esto debe correr aproximadamente 500 metros a una velocidad interesante para que nosotros notemos que nos está siguiendo por la calle asfaltada.


Tener que volver para meter nuevamente al perro supone para algunos una pérdida de tiempo.

Yo no estaba de acuerdo en volver, de hecho estaba convencido de que el perro encontraría el camino de vuelta. Mi hno por el contrario, no. Subimos al perro al auto y emprendimos la vuelta.
Cuando me baje del auto para agarrarlo y meterlo en una especie de jardín interno, no me molesté. No me enojé, no gruñí, no insulté. Pero firmemente lo tomé y lo conduje al sitio, decidido a darle una oportunidad a esta forma de educación (?). El perro se resistió sobre todo al final, no quería pasar el resto de su tarde encerrado y solo. 

Alrededor de tres horas habrían pasado cuando volví al hogar. Mi humor no era el mejor, venía cansado y sabía que mi perro no iba tampoco a estar muy contento de verme (posiblemente su día habría sido mucho más cansador y afectante sobre su humor). No me demoré pero tampoco me apuré en abrir la puerta. Me acerqué decidido, convencido de mi rol de educador, sabía que a la más mínima debilidad el perro no escarmentaría para la próxima vez y debía verme seguro de mi decisión.
No estaba en el jardín así que decididamente seguía encerrado. Mientras acercaba mi mano al picaporte lo presentía dentro. Imaginé su cara, triste y abandonada, me acostumbre a ella para que el golpe no fuera muy fuerte. Giré el picaporte y la puerta se abrió hacia adentro. De ella salía un perro con la cola inquieta, con ojos brillantes y hambre de juego. No sólo se alegró al verme, inmediatamente comenzó a saltar sobre mí para que empecemos a jugar lo antes posible y ya habiendo olvidado sus tres horas encerrado se puso a jugar con el resto de los perros.





jueves, 7 de marzo de 2013

El plato roto


Esta mañana me desperté y encontré otro plato roto en el cesto de basura. Esto viene pasando hace un par de semanas. Día tras día, me veo yendo a la tienda a comprar nuevos platos, y cuando despierto al día siguiente, la misma escena se repite. Como vivo solo, es un verdadero desconcierto el levantarse a la mañana y encontrar que el plato nuevo que he comprado el día anterior se ha hecho trizas una vez más. Como buscando una respuesta racional al problema no he llegado a ningún lado, tiendo a inclinarme por el comentario de un amigo que me dijo que el vidrio suele ser susceptible a la indiferencia, y es posible que los platos se hayan roto en momentos en que mi mente divagaba por lo más profundo de mi ser. Sé que esto no explica cómo es que aparecen en el cesto de basura, pero no descarto la posibilidad de que se trate de hormigas que odian el desorden.

Leandro Suliá Leiton

miércoles, 6 de marzo de 2013


No se cómo son tus días normales. Tampoco lo quiero saber.
Me molesto cuando no escribo en su momento.
Es una hermosa mañana. Lo dijo sin estar presente.
Pero la mañana sí es hermosa, con todas sus flores de ridículos colores y el hombre que las alimenta.
Si ella hubiera estado aquí, también hubiera dicho que las flores eran bellas, que la casa era muy linda, (¿por qué no?) Que mi vida lo era,
y hasta que yo
Que mi sangre era hermosa. Sobre todo eso. Yo quiero verlo.



nn

domingo, 3 de marzo de 2013






No soporta un análisis riguroso claramente, pero el quiere combinar y escuchar junto a las imagenes, algo va a encontrar. Ahora el video también tiene lo suyo para los que se cuelgan fácil.










nbnn

sábado, 2 de marzo de 2013


El otro no existe, quiero contarme no se que historia.
Quiero explicarme en 3 palabras. Después soñé con desaparecer.
Algunas cosas veo, las visto. Confundo el silbido de un ave con el martillar de un obrero, con el goce de una puta con mi pena.

Convencido, hay lugares que no me reciben. Hay estanques, llenos de inmundicia, hay rosetas.
El bote de mentira ese, ese me trajo. Mi bote, yo no sabia que era tan así. Tan confuso, tan tramposo, y de nuevo estoy aquí, andando como entre las letras.








nn

lunes, 25 de febrero de 2013




un reina un poco gris.
nn

Situación en un banco de plaza


Llega una señora y se sienta. Las tres bolsas cargadas con fideos y latas de conserva hacen que el trayecto entre el mercado y su casa se vuelva una odisea insoportable, y más con el calor que está haciendo estos días, cosa increíble.
Del bolsillo derecho de su vestido saca un pañuelo con el que se seca el sudor de la frente y el cuello. Pasea la mirada por sobre las calesitas y los pasamanos, se abandona un segundo a la nostalgia.
Las maderas avejentadas y carcomidas le molestan en la parte baja de la espalda y el cuello, las tablas flojas la obligan a mecerse en un involuntario vaivén de péndulo o barca, y la ausencia de apoyabrazos hacen que se sienta increíblemente incómoda en ese banco.
Se dispone a levantarse cuando repentinamente algo la tira hacia abajo: probablemente parte del vestido que se ha atorado entre las grietas de alguna madera, aunque metiendo una de sus manos por el breve espacio que separa su cuerpo  del banco no logra dar con esa intersección, todo parece suelto, entonces es intentarlo nuevamente pero algo tira de nuevo, una mano invisible la retiene y aprisiona, la señora se pone cada vez más impaciente y quizás no sea el vestido sino otra cosa, puede que la ropa interior haya hecho contacto con alguna tabla floja que presiona contra otra pero todo parece indicar que tampoco, entonces la situación es un poco algo que se asemeja miedo, el instinto de poner ambas palmas de cara al banco y hacer fuerza hacia arriba, la ansiedad como un reptil que le lame la frente y no hay caso,  la mano invisible no cede y entonces más fuerza, la iguana gigante lamiendo frenética y no importa, las venas en incontrolable creciente pero tampoco, todo es tirar y desprenderse del monstruo que la precede y no suelta, tirar y tirar con la cara como un globo escarlata y apenas, los peatones que pasan y miran y seguir tirando, el corazón como una máquina rabiosa que no para y ya casi, un último empujón vertical infinito que parece, el sonido emancipador que se rasga en sí mismo y separa, el breve y seco ruido que estalla y la libera, la intersección enervada entre dos conjuntos que se anula: la victoria erguida empapada de sudor y de furia.
Observa el jirón de tela que ha quedado entre las maderas, y observa el contundente hueco que ha hecho de su vestido un trapo inutilizable.
Levanta las bolsas cargadas con fideos y latas de conserva, y se dispone a retomar el trayecto a casa, maldiciendo al banco por lo bajo. En realidad ella cree que lleva sus  fideos y latas de conserva, pero no se imagina la sorpresa al llegar a su casa, meter la llave, abrir la puerta y una vez adentro dar vuelta las bolsas y encontrar que solo contienen infinitas astillas de madera.


Leandro Suliá Leiton

domingo, 24 de febrero de 2013



Toma directa.

San Francisco.
Laguna Yarinacocha.
Diciembre 2012
Franco Pellegrino

viernes, 22 de febrero de 2013


Pasa en frente de sus ojos el mundo,
Como la inexistencia misma, orgullosa
Mi lugar, el último y asi comienzo a quererme
Comienzo a odiarte.
Es sencillo, relegado, espero , espero, amo, amo.
Solo un tonto, palabras de tonto, por quien debo ser y por cuanto
Ofrezco mi cuerpo, mis ideas, las más sagradas.
Las miro arder en la boca de otro.
Me pregunto qué parábola esconde aquello.
Y hoy me canso, por fin me alejo, las ideas vuelven.
El amor y los más puro también.








Entonces la arena te revuelve. Muestra alegrada tu rostro, injusta por la sequedad, por lo rancio.
La pateo indignado. La azoto un poco como para calmarla, se sabe porfiada y se mantiene.
Recuerdo una historia en la que una mujer entra al mar a la noche. Imagino sus pensamientos.
Otra vez revuelvo la arena, sin parar.
Otras vidas me encuentran, alguna que me invita, otra me toma y en la arena pierdo la visión.
El tacto. La arena me acaricia formándose.
Siento en las yemas de los dedos la escena, un niño golpea a otro.
Uno es un reflejo, rebelde, cansado de emular al amo desde el nacimiento, lo golpea, tal vez mortalmente.
Reclama lo propio y se transforma en un niño de oro.
Otros lo llamarán hijo del Sol.



nn