Esta mañana me desperté y encontré otro plato
roto en el cesto de basura. Esto viene pasando hace un par de semanas. Día tras
día, me veo yendo a la tienda a comprar nuevos platos, y cuando despierto al
día siguiente, la misma escena se repite. Como vivo solo, es un verdadero
desconcierto el levantarse a la mañana y encontrar que el plato nuevo que he
comprado el día anterior se ha hecho trizas una vez más. Como buscando una
respuesta racional al problema no he llegado a ningún lado, tiendo a inclinarme
por el comentario de un amigo que me dijo que el vidrio suele ser susceptible a
la indiferencia, y es posible que los platos se hayan roto en momentos en que
mi mente divagaba por lo más profundo de mi ser. Sé que esto no explica cómo es
que aparecen en el cesto de basura, pero no descarto la posibilidad de que se
trate de hormigas que odian el desorden.
Leandro Suliá Leiton
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