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lunes, 6 de mayo de 2013
Somos algo en relación con el otro. El nacimiento de la ley, en oposición o adherencia somos algo en relación, con referencia.
Sucede que la tesis es ya sabida, olvidada, recordada, negada. Difícil.
Lo que hacen estos amigos con Blancanieves es una reducción precisa y preciosa. Extracto de perversión, arrastre de la inocencia a la verdad. Como jugando.
No se puede buscar objetividad en estas lineas por dos motivos elementales.
El primero: me gustan los trabajos que nos involucran, que exponen, que nacen de un lugar tanto mas lejano que la cabeza primate. Que a su paso transforman realmente, al mejor estilo transferencial, pero alquímico.
El segundo: No existe tal cosa, o sí pero en el fondo de la subjetividad, somos lo que somos y eso es objeto.
No voy a comentar detalles técnicos, no tiene sentido, si voy a detenerme en el guiño especular. Blancanieves siempre estuvo ahí, en mi infancia formándose conmigo como un bello arquetipo, me acompaño y fue conectada casi siempre con el significante inocencia, me guarde los peores adjetivos para otras cosas. Y el sábado pasado a las 21:30 me encontró algo hermoso. Un viejo ruido diría inconsciente aflora en este cuento que brota de personajes que funcionan desde otro lugar, que cumplen su verdadero papel: espejo.
Soy reiterativo, no es la intención. Somos en relación al otro, el afuera nos dice donde estamos, quienes somos y eso cala en las vísceras, nadie escapa nadie sabe donde se relaja su hermosa base neurótica, en que vieja y oxidad tabla de poca fe reside toda nuestra existencia. Y menos aún, amigo, que pasa cuando esta desaparece. Santiago nos da una idea de todo esto, (quizá todo nuestro gran miedo humano) en un galpón con un par de linternas.
Perdón, el tercero: me contradije en 4 renglones jaja.
no la pierdan, o si, si no pueden con el temor insano.
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