No sabía qué era el mercado cuando miraba sus películas que
no eran suyas. Ni pensaba en productores, guiones, personajes maniqueístas y la
disfunción de ellos. No pensaba en el cine en la crítica, no sabía bien qué
era. Era todavía mágico. El televisor viejo era una ventana.
Un día lo olvidé y lo encajoné. Lo dejé de mirar y nunca más pensé
en sus películas que no eran suyas. Ni siquiera lo olvide, no era necesario.
Ayer su cara estaba en todas las remeras y por respeto generacional no estaba
el morbo. La noticia me pasó por al lado, como pasan muchas de las luces que
tira la portátil. Hoy cuando volví a la rutina de la gilada su cara estaba ahí
de nuevo, esos ojos celestes y pera de buen tipo y sus películas que no son
suyas. Tengo sentimientos, y cada vez que leo que alguien recuerda y escribe y
me llega el famoso…. “oh captain, my captain” me acuerdo cuando la ví, su
película que no era suya, me dan ganas de pararme arriba del escritorio en la
isla donde edito para que no me paguen y decir… “Oh captain, my captain” y
llorar un poco.

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